Concha Méndez nació en 1898 en Madrid. Al principio de su su carrera, ella escribió sobre los deportes, incluyendo natación. Ella fue conocido como una mujer que hizo muchas cosas que no fueron "para las mujeres" durante su tiempo. Ella estaba en el grupo de la generación del 27, un grupo literario varguardista que durante los 1920 y 1930. Cuando tenía veinte años, Méndez fue la novia de Luis Buñuel. Rafael Alberti se presentó ella a su carrera literaria.
Antes de la guerra civil en España, ella estaba muy activa en el Lyceum Club Feminino en los últimos años de los 1920. Méndez fue presentado a Manuel Altolaguirre por Federico García Lorca, y ellos se casaron en 1932. Altolaguirre también era un autor y miembro del circulo de la generación del 27. La pareja tenía un hijo y una hija, pero su hijo murió cuando le dio la luz. Durante las vacaciónes en ese periodo, los de la generación del 27 pasaron se reunieron en la casa de Carlos Morla.
En los años 1933 a 1935, Méndez y Altolaguirre fueron a Londres. Ellos publicaron 1616, una revista que tiene su nombre del año en que murió ambos Shakespeare y Cervantes. También, a trás de ellos, García Lorca publicó la revista Ediciones héroe.
Méndez y su marido tenían una influencia sobre unos de su grupo. Por ejemplo, Federico García Lorca les dedicó un poema a ellos. Altolaguirre también le dedicó su colección de poemas, La lenta libertad, a ella. Por si misma, Méndez publicó su primer libro en 1936, que se llama Inquietudes. Después, ella escribió libros de poemas: Surtidor (1928) y Canciones de mar y tierra (1930). Méndez también hizo unas obras de teatro: El personaje presentido, El ángel cartero, y El carbón y la rosa.
Méndez se fue a París al principio de la guerra civil. En 1939, llegó Altolaguirre a París, y ella le acompañó al exilio. Ellos estaban en Cuba entre 1939 y 1943. Después, al llegar a México, ellos se separaron. Ella vivió para muchos años más en México, y murió en 1986. Después de su muerte, su nieta, Paloma Ulacia Altolaguirre, escribió el libro Memorias habladas, memorias armadas (1990) que trataba en parte de Méndez. Sus contribuaciones literarias no son totalmente olvidados: Emilio Miró discutió la contribución teatral de Méndez en su libro El teatro en España entre la tradición y la vanguardia, 1918-1939 (1992).
Presentación preparada por Karen Fischer y Kathy Quan (no está en la foto)
