Rosa Chacel, escritora de la generación del 27, fue una de las pocas mujeres dentro la vanguardia española. Chacel escribió en una época en la cual se consideraba inapropiado el que las mujeres usaran las técnicas modernistas. Su primera novela, Estación. Ida y Vuelta (1930), adhiere a las características que definen la literatura moderna.

Las características modernas son claramente ilustradas en su novela Estación. Ida y Vuelta. Por ejemplo, el propósito de la novela fue "to probe 'deep into the secrets of the soul' and to seek the character's 'pure living, pure being'..." Esto es la filosofía orteguiana manifestada dentro de la literatura. Según Mangini (1987), los personajes no tienen nombres porque "they are merely vehicles for transmitting a chain of events as conceived in the mind of the central character who, though a male, is actually psychologically fused with the woman in his life." Aunque esta novela es ejemplar en el canon de la literatura moderna, fue recibida con indiferencia y protesta por los críticos literarios.

Al igual que otros literatos españoles, Chacel vivió en el exilio. Por mas de cuatro décadas Chacel residió en países como Francia, Brasil, Argentina, y los Estados Unidos. En 1959, Chacel fue premiada con un Guggenheim Fellowship y se mudó a Nueva York para escribir un libro de ensayos sobre el erotismo. En 1977 Rosa Chacel regresó a España permanentemente.

Aunque muchos de los vanguardistas lograron fama en el exilio, el mayor triunfo para ellos, incluyendo a Rosa Chacel, fue ganar el respeto, reconocimiento y aceptación de sus obras en su país natal. Para Rosa Chacel, este sueño se hizo realidad en 1987 cuando ganó el Premio Nacional de Letras Españolas.

 

Presentación preparada por Nelia Correa y Ingrid Gomez: